Después de las fantásticas críticas que recibí con "Carta a un marciano", me animé a escribir este blog, y compartir, con quien quiera seguirlo, esta nueva historia: "Tú y yo no siempre es nosotros".
Espero que os guste.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Capítulo uno

A pesar de todo, nunca me había rendido, por lo menos no del todo. Y ahora me encontraba con esto.

 Nacho me había pedido que me sentara en el sofá, que teníamos que hablar. Y así lo hice. Después de un sinfín de excusas malogradas y de caras de pena sobreactuadas Nacho acabó con la relación.
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                       -  ¡Estupendo Nacho! – la ironía estaba presente en cada frase que pronunciaba – Me parece perfecto, que después da tanto años me dejes por... no sé todavía porqué.

-                  -  Pues te lo he explicado muy clarito, pero tú nunca escuchas, ¿lo ves?, siempre tienes que tener tú la razón y yo la culpa. – la voz de Nacho se alzaba cada vez más, rebotando con las paredes del escueto salón.

-                       - ¿Entonces es definitivo?

-                       -Gadea, cariño – el tono conciliador de Nacho, hacia que mi sangre hirviera – uno no decide como van a funcionarle las cosas, cómo será su futuro… puedes luchar porque sea de una manera u otra, pero en cosas imprevisibles como el amor, es mejor creer en el destino.

Palabras textuales de un hombre al que siempre he admirado por su inteligencia y su sentido común. ¿En qué momento de esos cinco años se había vuelto imbécil? Si pretendía consolarme, por ese camino iba mal. Muy mal.

Sentía unas ganas irrefrenables de gritarle, de reprocharle cada segundo, cada esfuerzo, cada acto realizado para hacerle feliz. Me quemaba el cuerpo por dentro, me sentía agresiva. Nacho siguió hablando:

-                   -  Me duele decirte esto, pero sabes que el piso es de mis padres… y bueno, tienes todo el tiempo que quieras para planificar que vas a hacer, ya lo sabes.

Silencio. Las palabras se me atragantaban en la garganta, una sucesión de improperios y reproches luchaban por salir, por hacerse sonar. Pero me había vuelto inmóvil, casi de piedra. Quería hablarle, no sé si para pedirle otra oportunidad o para decirle que se arrepentiría de esa decisión. La segunda opción iba acompañada de una mirada desafiante y una salida triunfante de la habitación. Pero era mirarlo y su cara de pena forzada, esa mirada de compasión, despertaba en mi un odio, repentino, irrefrenable.

Me levanté del sillón, lo miré, sus ojos negros tenían un color más intenso bajo la única luz de una lámpara coja de bombillas. No tuve fuerzas ni ganas de llevar a cabo ninguna de las dos opciones meditadas anteriormente.

Le di un beso en la mejilla y alargué la mano para coger el teléfono.

-                       -  ¿Mamá?, soy yo. Voy para casa. No, no pasa nada, tranquila. Sí, he cenado. Ahora nos vemos.

No había derramado ni una lágrima aún, pero escuchar a mi madre me hizo llorar. Sé que el tono de llamada a esa hora sonaba diferente en mi casa, sonaba con cierta incertidumbre siempre, y por eso sé que al escuchar mi voz al otro lado del teléfono mi madre supo al instante que pasaba.

No hizo falta decirle nada a Nacho, mantuve la conversación delante suya, así me ahorraba tener que dar explicaciones.

Hice la maleta con un nudo en la garganta del que no me deshice hasta romper a llorar cuando ya estaba en el ascensor, segura de que Nacho no podía verme, ni siquiera oírme. Me sentía vulnerable, había perdido la fuerza y la seguridad que me aportó independizarme de mis padres, volvía a ser inmadura y joven. Volvía a casa de mis padres.

Nacho se había despedido de mí antes de que terminara la maleta, después se había encerrado en el salón. Se lo agradecí, verlo en la puerta despidiéndome me hubiera hecho rogarle que no me dejara.

Había tenido un día espantoso, sin embargo Sevilla, a través de la ventanilla del taxi, estaba deslumbrante. Mi melancolía y ese cansancio que te provoca llorar después de haberte contenido las lágrimas, hacía que Sevilla me recordara a una banda sonora de esas que erizan la piel. Me abracé a mi abrigo.


-                          -   La siguiente a la derecha, y ya pare donde pueda.

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